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En 1967 tuvo lugar un polémico proceso para decidir a quién correspondía una pequeña fortuna que, según el testamento del minero
James Kidd, debía dedicarse a investigaciones científicas dirigidas a la demostración de la existencia de un alma o algo que abandona el
cuerpo tras la muerte. El Tribunal Supremo de Arizona decidió entregarla a la Sociedad Americana de Investigaciones Psíquicas (ASPR),
que cedió parte de la misma a la Fundación de Investigación Psíquica (PRF) de Durham.

La herencia se dedicó a investigaciones que tenían por objeto demostrar la existencia de algo que fuese capaz de exteriorizarse del
cuerpo físico y a lo que denominaron «Factor Theta», entendiendo por tal «los aspectos de la personalidad capaces de sobrevivir». El
doctor Osisi, director de investigaciones de la ASPR, comenzó a trabajar en un programa experimental, eligiendo como su primer sujeto
a Ingo Swann, pintor y ex-funcionario de la ONU, que había experimentado multitud de EEC desde su infancia y que obtuvo asombrosos
resultados en varios laboratorios parapsicológicos.
Sentado y cubierta su cabeza por los cables del electroencefalógrafo, Swann fue capaz de dibujar la mayoría de los objetos que se
ocultaban en cada sesión sobre una plataforma cercana al techo, a unos tres metros de altura. Incluso los que aseguró no poder ver,
debido a su posición o a las sombras que los ocultaban, parecían indicar que los captaba desde una perspectiva extracorpórea y no
mediante percepción extrasensorial. Cuando se entregaron la totalidad de los objetos y los dibujos a una psicóloga que lo ignoraba todo
sobre el experimento, ésta emparejó cada uno de ellos con el dibujo que Swann había realizado del mismo, habiendo sólo una
probabilidad entre 40.000 de que aquel resultado se debiese al azar.

Efectos Físicos

En la PRF, el doctor Robert Morris trabajó con otro proyector experimentado, el estudiante Stuart Blue Harary. Tras un experimento
fallido, se le pidió que se proyectase a un edificio contiguo e informase sobre la identidad y posición de una serie de detectores
humanos a los que se eligió y distribuyó al azar, pidiéndoles que prestasen atención a posibles signos de una visita extracorporal.
Al comienzo obtuvo buenos resultados, pero éstos no tardaron en decaer, aunque algunos detectores aseguraron haber observado
destellos luminosos e incluso una aparición durante el tiempo en que Harary aseguraba haber visitado aquel edificio. Mejor resultado se
obtuvo cuando trabajó con un gatito elegido por el propio Harary. Se le introdujo en una jaula enorme, cuyo suelo estaba dividido en 24
cuadrículas idénticas, a fin de poder mover los desplazamientos del felino. Este se movía y maullaba contínuamente, intentando salir de
allí, tranquilizándose tan sólo durante los períodos en los que Harary intentaba desdoblarse, a 800 metros de distancia, como si hubiese
detectado la invisible presencia de su dueño.
El profesor Alex Tanous se sometió a numerosos experimentos de desdoblamiento corporal.
Con el objeto de intentar detectar posibles efectos físicos durante las EEC, Osisi realizó un complejo experimento en la ASPR, utilizando
como sujeto al notable psíquico y profesor universitario Alex Tanous. En una habitación situada en el extremo opuesto del edificio
donde se encontraba éste, un dispositivo aleatorio hacía que uno de cinco dibujos posibles fuese proyectado sobre uno de los cuatro
cuadrantes de diferentes colores de una pantalla circular, que se hacía girar para que cada color pudiese adoptar cuatro posiciones
diferentes. Sólo podía verse correctamente lo que sucedía en el dispositivo desde una cámara aislada, situada frente al mismo y cuyos
sensores permitían detectar cualquier vibración. Tanous acertó 114 de las 197 pruebas realizadas, detectándose en tales ocasiones un
nivel de actividad superior al observado durante las 83 pruebas que falló. Significativamente, tanto Harary como Tanous habían
advertido cuándo las luces de la sala de detección estaban encendidas, ya que en ambos casos la excesiva iluminación les resultaba un
obstáculo.

¿De Qué Se Trata?

Se han realizado algunos otros experimentos de laboratorio sobre las EEC. Pero ninguno de ellos ha logrado demostrar la existencia de
un vehículo de la conciencia como entidad independiente del cuerpo. Los escépticos aseguran que se trata de alucinaciones
autoscópicas, disparadas por el impulso religioso, como un mecanismo compensatorio del materialismo contemporáneo y de la terrible
certeza de la propia muerte. Sin llegar tan lejos, algunos parapsicólogos han propuesto una serie de explicaciones alternativas para los
fenómenos Psi comprobables asociados a las mismas, como es la percepción extrasensorial (PES) o visión remota y la psicokinesia o
acción del psiquismo sobre la materia. Por lo demás, las autofanías podrían interpretarse como alucinaciones premonitorias, los vardogr
y otras apariciones como alucinaciones telepáticas.
El hipnólogo y parapsicólogo catalán Ricard G. Bru, que ha dirigido numerosas EEC, sirviéndose de la hipnosis y de una mezcla de esencias
Auras de orquídea y bergamota, estima que más que del viaje de un doble probablemente se trata de «proyecciones psíquicas» en las
que «la mente potencia su nivel parapsíquico de percepción».

El hipnólogo catalán Ricard Bru, consigue mediante inducción hipnótica que muchas personas tengan experiencias extracorpóreas.

Bordás se muestra en completo desacuerdo con semejantes explicaciones. «Quienes las sostienen -comenta- no se han desdoblado; si lo
hubiesen hecho comprenderían que se trata de una verdadera experiencia fuera del cuerpo, en la que se conserva la individualidad». La
inmensa mayoría de los proyectores asiduos coinciden con él. En cambio, Harary admite que «la sensación de que uno está realmente
separado del cuerpo es muy fuerte», pero no está convencido de que sea real y cree que «hemos ido demasiado lejos, aceptando algo
que en realidad desconocemos, no entendemos bien y sólo podemos describir en términos subjetivos y posiblemente un tanto
engañosos».
Scott Rogo estima que los numerosos relatos de EEC pueden describir distintos fenómenos, según la forma en que el sujeto se percibe a
sí mismo: como un «cuerpo» similar al físico, en otro tipo de vehículo ultrafísico como una esfera luminosa o una bruma, y como
conciencia Aura desprovista de vehículo formal. Ciertos practicantes experimentados coinciden con él y amplían la gama de
posibilidades que la conciencia tiene de exteriorizarse y experimentar éste y otros planos de existencia. Y algunos especialistas han
comenzado a desarrollar a intentar testar modelos teóricos sobre la naturaleza y funcionalidad de una suerte de campo electrodinámico
interpenetrado con el cuerpo, pero esa es otra larga historia.
Si un día la alianza científicotecnológica lograse demostrar la existencia del doble sin dejar lugar a dudas, eso significaría -seguramente
una revolución sin precedentes. Entretanto, cada vez más mentes abiertas reconocerán que la creencia en el doble tiene un matiz
especialmente interesante: es una de las escasas creencias que cualquiera puede intentar experimentar por sí mismo antes de juzgarla.

 

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